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Catedral Basílica Menor
Reflejo de la perseverancia, devoción y aprecio por el arte que desde sus orígenes ha identificado a los durangueños, la CATEDRAL BASÍLICA MENOR es una de las obras arquitectónicas más importantes y hermosas de todo el norte de México. Resaltando el estilo barroco y una rica iconografía en la cantera de sus portadas principal y laterales, inicia su construcción la tercera y definitiva en 1695 y culmina aproximadamente en 1787.
Tanto en su exterior como interior conserva una cuantiosa colección de arte sacro, en la cual destacan joyas coloniales como la imagen de la Inmaculada Concepción, del siglo XVII; la sillería del coro, exquisitamente labrada en madera de cedro y chapeada en oro; dos monumentales órganos |
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Templo de San Agustín
Tres calles distante se sitúa, con un barroco austero en su portada, el TEMPLO DE SAN AGUSTÍN sobre lo que fuera —en la primera mitad del siglo VXII— el Convento de San Nicolás Tolentino. Escenario de luchas armadas, destaca en su interior la milagrosa imagen del Nazareno que le preside, su hermoso altar mayor y la puerta lateral del edificio, estos dos últimos obra del maestro Benigno Montoya. |
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Templo de San Juanita de los Lagos
Formando parte del antiguo Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús —hoy rectoría de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED)— la IGLESIA DE SAN JUANITA DE LOS LAGOS tiene a cuestas un derrumbe y varias remodelaciones, terminándose de construir definitivamente en la segunda mitad del siglo XVIII. En 1634 fue depositaria de los oficios de la Catedral cuando ésta sufrió un incendio. Al pie del altar de lo que fuera la primera capilla de adobe, fueron depositados los cuerpos de los ocho sacerdotes jesuitas asesinados en la rebelión tepehuana de 1616. |
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Templo de San Juan Bautista de Analco
Al cruzar lo que fuera la antigua Acequia Grande (hoy Blvd. Dolores del Río) se encontrará con el TEMPLO DE SAN JUAN BAUTISTA DE ANALCO. Este sitio tiene la gran distinción de estar erigido donde, en 1558, tuvo lugar la fundación del primer pueblo de indios del llamado Valle de Guadiana (hoy ciudad de Durango). El actual edificio data de principios del siglo XIX, y tanto su torre neogótica como la fachada e interiores muestran la destreza escultórica del maestro Benigno Montoya. |
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Templo de Santa Ana
Y si de historia y leyenda se trata, un buen representante lo encontrará en el TEMPLO DE SANTA ANA, construido entre la primera mitad del siglo XVIII y principios del XIX. Fue tal su importancia que ahí se pretendió fundar un convento de capuchinas, pero nunca se llevó a cabo. Durante mucho tiempo, en los terrenos aledaños se situó el llamado Panteón de los Ricos y, debido a la altura de su hermoso campanario, fue sitio estratégico en la defensa de la ciudad. De esto dan fe los impactos de cañón y fusiles que aún se observan en su columnas. |
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Palacio de Zambrano
Construido a finales del siglo XVIII, el PALACIO DE ZAMBRANO (actualmente Palacio de Gobierno) fue residencia particular del acaudalado minero don Juan José Zambrano. De estilo barroco austero, destacan los arcos de medio punto en sus por- tales (únicos en la ciudad) y los preciosos murales interiores que ilustran etapas relevantes en el desarrollo histórico de esta capital y el país. En 1867 albergó a don Benito Juárez en su peregrinar por el norte de la República. |
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Edificio de las Rosas
Justamente en el cruce de calles contempladas en la fundación de la ciudad, se localiza, junto a otros de la época, el EDIFICIO DE LAS ROSAS, construido a finales de la segunda mitad del siglo XVIII por el rico minero español Silvestre Arana. La decoración floral en la cantera de los ventanales del segundo piso da lugar a su nombre. |
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Palacio del Conde del Valle de Súchil
Contemporáneo del anterior, el PALACIO DEL CONDE DEL VALLE DE SÚCHIL se manda construir por don José Carlos de Agüero, en ese entonces gobernador de la Nueva Vizcaya, para convertirlo en casa real. Con un acentuado barroco cargado en su portada y un exquisito trabajo en su arquería interior, fue tal su ostentación que se decidió venderlo al rico minero Joseph del Campo Soberón y Larrea, Conde del Valle de Súchil. |
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Palacio Municipal
Actualmente en remodelación, el PALACIO DE ESCÁRZAGA o PALACIO MUNICIPAL se edificó en 1898 como mansión del acaudalado comerciante y político Pedro Escárzaga Corral. De dos plantas y un sobrio y elegante estilo afrancesado, su interior exhibe un valioso mural obra del artista durangueño Francisco Montoya. |
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Edificio Central UJED
Símbolo de la excelencia educativa que se empezara a forjar en 1596 bajo el nombre de Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús, el edificio de la actual RECTORÍA DE LA UNIVERSIDAD JUÁREZ DEL ESTADO DE DURANGO (UJED) se construye en la segunda mitad del siglo XVIII. Su portada en cantera, de marcado estilo barroco, contrasta con el austero pero bello estilo jesuita de sus interiores. |
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Arzobispado
La tradición artística –pero en este caso de su progenitor Benigno Montoya— ha quedado también plasmada en el edificio del ARZOBISPADO. Construido a finales del siglo XIX, sobre su alargada y sencilla fachada destaca la rica ornamentación en cantera de su puerta, coronada por un rosetón, formas ojivales y la típica flor de lis. El altar de su capilla es otra fina muestra de arte neogótico. La casa tiene la distinción de haber hospedado, en 1990, a S.S. Juan Pablo II.12 |
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Plaza de Armas
Custodiada por emblemas de fe, historia y afectos, la PLAZA DE ARMAS es el símbolo de la identidad durangueña. Arropada desde siempre por su Catedral y por edificios de grandes ventanales y balcones de añoranza, sentarse en alguna de sus bancas y contemplar el transitar de paseantes entre jardines y fuentes de cantera, es la más grata forma de adentrarse al corazón de la ciudad. |
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Plaza IV Centenario
La PLAZA IV CENTENARIO está convertida en el espacio público más institucional de la ciudad debido a los edificios que le rodean: el Palacio de Gobierno, el Congreso del Estado, y el Tribunal Superior de Justicia. Presidida por el monumento “Juárez y el estudiante”, se ha hecho habitual que sobre esta gran explanada se lleven a cabo numerosos eventos cívicos y culturales. |
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Las Alamedas
Al amparo de su sombra se han inspirado poetas, se han sellado pactos y reencontrado parejas. Son confidentes de mil secretos, testigos de más promesas y consejeras del gran proyecto. Aquí han estado siempre con su paseo hasta Las Moreras, y pasarán más siglos y aquí seguirán LAS ALAMEDAS. Este apacible recorrido peatonal se complementa con excelentes exposiciones al aire libre de pintura y fotografía. |
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Plazuela Baca Ortiz
Impregnada de fuerte arraigo popular y una buena dosis de leyenda, la PLAZUELA BACA ORTIZ se conserva como refugio de los que buscan sentirse identificados con quienes les rodean, de ahí que sea común la presencia por sus bien cuidados jardines —sobre todo los fines de semana— de tepehuanes, huicholes y tarahumaras que arriban a la ciudad. Por cierto, si usted desea escuchar la auténtica música duranguense, aquí abundan excelentes grupos norteños. |
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Teatro Ricardo Castro
Diseñado por el Arq. George E. King, el TEATRO RICARDO CASTRO inició su construcción en el año de 1900; a raíz de un incendio que sufre en 1951 es restaurado e inaugurado en 1990. A lo largo de su existencia ha sido utilizado como cine, pista de patinaje y arena de box y lucha. Labrado en cantera, ofrece un aforo para 1,050 personas y actualmente es el más importante escenario cultural y artístico de la ciudad, en el que se llevan a cabo las mejores obras de teatro, ópera, danza y conciertos musicales. Su planta alta exhibe continuamente colecciones artísticas de calidad. |
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